lunes, 17 de agosto de 2009

Palabras de COMUNICACION




Sin miedo al color.

Los fantasmas llegan y se van, emergen de todas partes y la acompañan en su ir y venir por el Atlántico. De noche, porque la noche es como la primavera para crear, Liliana Lima de Lázaro pinta de una manera casi compulsiva. La madrugada le devuelve vivencias, añoranzas, que va convirtiendo en arte, por medio de un lenguaje directo, narrativo y metafórico que estremece y provoca.

Su intención es que el público no escape de su obra. Liliana quiere entrar en el mundo de las personas y lo logra. Sin miedo al color, esta joven artista, graduada de la Academia Cubana de Artes Plásticas San Alejandro, enfrenta la retadora tarea de combinar la paleta de tintes vivos, casi saturados con ocres y carmelitas de una gama monocromática contrastante que le sirve para reforzar la diferencia entre el contexto y el cuerpo protagonista.

Complementando esta técnica, sobresalen en la superficie del lienzo empastados de óleo que enriquecen la manufactura del cuadro y más que todo integran la tierra, el agua y otros elementos presentes en la composición. Unas figuras confluyen en fronteras de contornos definidos y otras con límites subyacentes a los planos de color, producen transparencias y fusiones delineadas con suavidad.

Vemos, en algunas piezas, el logro de una textura sobre las figuras, como tejidos de fondo oscuro y motivos regulares de luz, unos cuadrados y blancos y otros como puntos que se extienden y desbordan hacia zonas de color en el espacio mundo de su obra.

Es muy fuerte para cualquier espectador enfrentarse a la vista penetrante de unos ojos azules perfectamente enfocados en medio de un rostro que pudiera ser búho, que pudiera no ser más que ilusión de memorias. “Conjugando tu mirada” es probablemente la imagen más pregnante lograda en su obra, y la que quizás perdure como icono de un estilo en formación que promete enraizarse en su aún joven carrera. Es un salto en la expresión, un tiro directo al público, una inevitable alegoría difícil de olvidar.

Ramsés Bernal Rodríguez (diseñador y profesor universitario) y Aracelys Bedevia (periodista).

COMUNICACIÓN

En esta exposición, cuyo título es “Comunicación”, se recogen los últimos trabajos de la pintora cubana Liliana de Lima. La muestra tiene como temática central la comunicación y su contrario, la incomunicación. En la sociedad de la información, fruto del desarrollo tecnológico, con millones de datos y mensajes a un clic de distancia, la distancia existente entre los hombres, aunque pueda parecer contradictorio, se ha agrandado: cada vez es más difícil mantener una conversación plena y satisfactoria, de tú a tú, en la selva del asfalto.

A Liliana le gusta mezclar diferentes técnicas, precisamente uno de los cuadros centrales de la exposición, el titulado “In-comunicación”, está elaborado usando diferentes técnicas. En este cuadro se combina el óleo, con el acrílico y el pastel. En las muestra también podemos encontrar un grabado (Judit), un cuadro aéreo cercano en técnica e inspiración al expresionismo abstracto y numerosos ejemplos de collage.

Los elementos que forman parte de sus “collages” se insertan en el contexto físico (hardware) de la TIC, tecnologías de la información y la comunicación. De este modo podemos encontrar formando parte de una obra de arte un teclado (es el caso de “Fuga de bites”), las teclas sueltas de un teclado (“Mi fantasma en la ciudad”), tarjetas de memoria RAM, una tarjeta gráfica (ambas presentes también en “Fuga de bites”), etc.

Es precisamente ahora, en este contexto tecnológico, cuando en teoría puede ser más fácil la comunicación y el intercambio cultural. En este sentido la intención de Liliana con sus obras es la de establecer una nueva lógica de interconexiones tecnológicas y humanas. De hecho aparecen en muchas de sus obras elementos tecnológicos mezclados e interactuando con figuras humanas.

En estas obras aparecen representados de una u otra forma diferentes elementos de la comunicación verbal: emisor, receptor, canal, mensaje, etc. Los personajes y elementos de sus cuadros parecen comunicarse entre sí emitiendo unas voces en ocasiones visibles y en otros casos invisibles. El complejo y amplio tema de la comunicación humana es abordado desde diferentes puntos de vista, y desde luego aparece concebido como uno de los elementos y problemas existenciales más profundos del ser humano.

Estos colores desbocados, esta explosión de luz, esta potencia visual irrefrenable y sobrecogedora y esta arrebatada viveza y energía presentes en las pinceladas y en las texturas que se retuercen con fuerza removiendo los cuerpos y las formas de sus cuadros nos hablan bien a las claras del casi infinito y casi absoluto poder creativo de las espátulas, los pinceles y las brochas de Lili. Con ellos combate a sus fantasmas que acaban convirtiéndose en sus aliados, con ellos planta cara a los enemigos de lo vivo: el olvido, la distancia, cierta soledad. Con ellos se bate el cobre invocando e intentando remover de la misma tierra de la que toma su gama fundamental de colores (marrones, naranjas, amarillos, etc.) el magma creativo que desprenden las texturas de sus pinturas, las cuales atraviesan cuerpos, trajes, vestidos, troncos, fondos, espacios... En este y otro sentidos podemos hablar de una pintura volcánica en la que los colores, algunos de ellos muy puros y luminosos, nos rodean, nos asaltan, llaman nuestra atención y nos invitan a ver e intentar descifrar lo que guardan dentro.

Con sus cuadros Liliana intenta sustraerse de este mundo y situarnos en un espacio ajeno al real, un espacio que conserva reminiscencias de nuestro mundo, pues su pintura no deja de ser una pintura figurativa, y por tanto no abstracta, al menos en la mayoría de sus cuadros.

Aunque tal vez no sea así y sus pinturas nos traigan noticias de otros mundos y otros espacios: el mágico y complejo mundo de los sueños, los sentimientos, las ansias, los deseos encerrados tras unos ojos o en medio de la mar encantada. Pero lejos de quedarse ahí los cuadros de Liliana retan al espectador, le obligan a posicionarse ante ellos, le miran estableciendo una comunicación con el espectador que ha de mirarse a sí mismo, dentro de él, para dar respuesta a sus propias ansías, sueños, deseos y fuerzas en constante lucha y oposición. En este sentido es en el que puede hablarse de un innegable potencial comunicativo y dialéctico presente en su obra.

A menudo son varios los mensajes y contenidos profundos presentes en cada obra, por supuesto es el espectador quien debe de ordenarlos y buscar nuevos sentidos que enriquezcan la obra.

Estamos pues ante una pintura decididamente simbólica y simbolista que además tiene una premeditada potencia visual fuertemente expresiva. Es el expresionismo la segunda fuente de la que bebe Liliana. Otra fuente fundamental de su obra proviene de los onírico, del surrealismo. Por último, otra presencia recurrente en la obra de Liliana es la pareja, en este sentido podemos ver cierto componente romántico en su obra.

Si hablamos de las influencias pictóricas no podemos olvidar, además de a Klimt Egon Schiele y Kokoschka, entre otros, a su tía Isis y a su tío Leo, y por supuesto a su abuelo José Delarra, de la mano del cual dio sus primeros pasos en el mundo de la pintura. Otra influencia importante en la obra de Liliana es Van Gogh, en algunos momentos su pincelada, su trabajo de las texturas y los colores empleados en sus cuadros recuerdan, sin ser la misma/ los mismos, a la del genio postimpresionista, cuya pintura se caracteriza por poseer una pincelada gruesa, larga, ondulante y circular, y por el uso de intensas tonalidades de color[1].

Las texturas presentes en su obra, como ya hemos apuntado anteriormente, confieren a la misma una energía, vitalidad y expresividad especiales. Estas texturas remueven los cuerpos y las formas de sus cuadros. Liliana es una maestra en la definición de las líneas fuerza marcadas en diferentes texturas trabajadas con las espátulas. Estas texturas dotan a su obra de un estilo propio con el que busca conquistar la tridimensionalidad y asimismo confieren cierto volumen e influencia escultórica al conjunto.



[1] Fuente: http://www.lavanguardia.es/multimedia/html/extras/vincentvangogh/etapas.htm

Óscar Garrido García (Logroño, 1977).

Es poeta, licenciado en Humanidades por la Universidad de la Rioja (2001) y Máster en Didáctica para Profesores de Lengua y Cultura Españolas en Centros Educativos Extranjeros (2006).