Aquí les presento “Comunicación” y su antagónico, que es la obra que preside la exposición “In-comunicación” esta enrevesada “Comunicación” que es una muestra colorida y texturizada, fruto de meses de trabajo con ideas que han surgido hace a penas 1 minuto, pues el arte no puede detenerse, está en constante evolución.
Comuníquensey formen parte como testigos visuales de mi conexión pictórica con la artista Frida Kahlo, de “Mi fantasma” y algún otro fantasma que aún ande suelto por esta ciudad. Admiren la fuerza de esa mujer que aún hoy tiene la suerte de ser “ La novia del viento” manteniendo su “Equilibrio” y que a los años se convierte en “La Mujer del Sombrero” cargada de símbolos en livianos violetas.
Agradezco inmensamente a todos aquellos que, queriéndolo, o no, han hecho posible toda esta Transmisión, lejos de mi Isla y mi Calle Habana y a todas las cosas que me hacen seguir cada día “Conjugando tu mirada”.
Huele a café, y a sudores difuntos. Sobre el caballete el alma se derrama, se marchita, se inclina, y caen, aún sin ser otoño, también sus hojas más verdes. Los fantasmas anuncian su regreso: los impíos y los vivos, los amados y los muertos.
Con lágrimas en los ojos pinta Isis de Lázaro. De una mano va el alma, de otra, la paleta. Muchas pasiones inmolan el blanco. Pero en sus cismas parece que asciende, como el Ave Fénix de entre las cenizas; o como el magma de lo hondo de la Tierra, cuando brota y se da, se da y quema, quema y florece.
Esta muestra no es tanto para los que miran, como para aquellos que, viendo, se desdoblan y sienten. Todos pueden asomarse. No hay mapas conceptuales ni trabalenguas ni enrevesos pedantes. Tiene la sobriedad del ingenio. Tiene acaso suficiente.
Va como una sinfonía en tres partes: primero, los cuerpos, la musa con sombrero, el juglar y su guitarra; después el abandono, los graves del dolor y los crescendos; cierra con la apoteosis del vuelo.
Todo lleva de real y de onírico, ha dicho su autora muchas veces. Porque la obsesión de Isis son los sueños: la casa vieja, el amor, los sombreros, o el jardín de losas hexagonales y antiguas, donde unas pujantes hierbitas recuerdan el afán de los héroes homéricos.
La palabra, quizá, no se hizo para contar sus sueños, sino el pincel, el lienzo, el yeso fresco, el olor a pátina; los bastidores, las transparencias, y las texturas de unos cuerpos curvos y desnudos, que ella ha dejado a la ingravidez del viento.
Cuando el caos se apodera de sus frescos, la mente de Isis vuela. No narra lo que vive, sino lo ostenta a fuerza de sienas, azules, magentas y verdes; al costo de domar muchas fieras.
Tres décadas de crear lleva esta artista. Treinta años que son como la cumbre de una vida. Isis llega convincente y discreta. A su lado está Liliana, que es como los buenos retoños, que hacen fuerte el legado del árbol. A ella le encomienda su antorcha. Porque el arte no es el cúmulo de discursos homogéneos con que algunos pretenden eternizar ciertas “sobras”, sino algo más íntimo, a la vez que inasible: el arte va como el alma: franco y por dentro.
No puedo dejarte de ver arañando el silencio con tus ojos,
tratando de decir algo que las palabras nunca hubieran dicho mejor.
Aquella mirada era el resumen de la noche posada en tus ojos,
con su lluvia, su viento y tu miedo al mar
y aquel sueño que te conté.
No puedo dejarte de ver
describiendo una estrella descubierta por mí
en tu erótica constelación
que no cabe en los mapas del cielo.
Tu mano dibujando en el aire,
era capaz de ponerle color
al espacio vacío, que se llenaba
con la luz de la estrella brillante.
"Conjugando tu mirada"
Año: 2009
Técnica: Mixta/ Linezo
Un espacio en la Ciudad Inventada, movimiento plástico de gran magnitud ocurrido este fin de semana en la ciudad de Logroño, La Rioja. En esta pintura de Liliana Lima se une la plástica y la poesía, en una de las calles más concurridas del casco antiguo.
Entre la nostalgia de su tierra, desde donde se asoman por las hendijas losespectros remotos de una ancestral herencia genéticay el recuerdo y la sapiencia arrebatados a los pupitres untados de pigmentos y barro de una vieja academia habanera de artes plásticas, Liliana descubre hoy que se puede intimar con los fantasmas.
Esta “aparición”, que la propia artista define como la representación visual, acústica o táctil del cuerpo no físico de una persona, nace de las reconditeces de la mente humana o, en el caso de los verdaderos, no-vivos, ella los relaciona con el estado trascendental de la muerte.
En la serie que hoy está ante los ojos del espectador nos observan desde el lienzo fantasmas de apariencia humana, con vida y carácter; firmes en sus expresiones y felices de ser parte de un formato bidimensional en el cual pueden existir con deleite.
La propuesta objeto de esta muestra recrea grandes piezas espectrales, con colores vivos y gran variedad en una fauna fantasmagórica que recrea ambientes raros e inexistentes. Son estos personajes sonrientes que posan y se muestran tal cual son a través de sus gestos, posiciones y rasgos.
¿Por qué Liliana los ha definido como fantasmas? Porque no son seres reales sino creados por su propia imaginación, y que ella define como apariciones de la mente detenidas en el lienzo. Aunque no son estos aparecidos que brotan de un toque místico, más bien, asegura la artista, forman parte de ese fantástico todo que pertenece a la vida real.
Desde el cuadro que preside la muestra, Mi Fantasma, todos los seres aparecen como flotando en el fondo del lienzo, no tienen sustento firme, excepto La novia del viento, que está en una base más sólida (es una mujer fantasma con los ojos maquillados de una manera muy teatral y puede imaginarse que el lienzo hubiese sido dorado hasta que apareció ella. Por eso dejó este gran contraste entre la figura y el fondo). Tal parece que aquí habita el recuerdo espectral de su bisabuela Dora cuando miraba por detrás de una puerta y hacía este gesto como diciendo, "me asomo a ver que pillo".
Para llegar a esta fantasmagoría Liliana ha transitado por un constante hacer pictórico desde los diez años de edad, y ya sus imágenes-crónicas pueblan cada sitio que habita. Dibujar es para ella un impulso casi inconciente fortalecido por la práctica constante y la significativa herencia genética que atesora en su mapa humano. (Orlando Ruiz Ruiz)